11 cosas que creías que eran ciertas pero son solo mentiras

Por redaccionnyl el 02/09/2016

11. El azúcar vuelve a los niños hiperactivos

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Por ridículo e increíble que sea, los que se transforman cuando un niño come azúcar son los padres. Variados estudios se han realizado incluso ocupando el sistema de doble ciego para asegurar resultados y ninguno ha podido marcar ninguna diferencia entre niños con o sin azúcar, incluyendo investigaciones realizadas específicamente en niños con deficit atencional.

Lo único que estos estudios han demostrado es que los padres que son enfrentados a un niño que ha comido altos niveles de azúcar creen que se encuentran mucho más hiperactivos a pesar de que su comportamiento sea exactamente el mismo de siempre.

10.- Las avestruces esconden su cabeza bajo tierra

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Nunca fue. Cuando las avestruces están asustadas tienen tres sistemas de defensa: correr (a 65 kilómetros por hora), patear (con suficiente fuerza como para quebrar una pierna humana sin esfuerzo) o esconderse entre arbustos dejándose caer al suelo para confundirse con el ambiente.

Lo más cercano que hace una avestruz al meter su cabeza bajo tierra es para ingerir un poco de esta y ayudar a pasar las comidas. Un buen dato:, es el único pájaro que podría romperle la mandíbula a un león de una pura patada. ¿Honestamente creen que se escondería bajo tierra?

9.- Un rayo no cae en el mismo lugar dos veces

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Por favor, nunca te coloques en el lugar donde acaba de caer un rayo para protegerte creyendo este viejo mito, pues generalmente un rayo cae varias veces en el mismo sitio.

8.- El alcohol mata neuronas

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El consumo de alcohol no mata en absoluto neuronas. De hecho la ingiesta moderada tiene muchos efectos positivos al largo plazo, en especial en la tercera edad y no hablo de los “antioxidantes”, sino que efectos específicos protegiendo la integridad del cerebro.

Lo que si hace el alcohol es dañar temporalmente las dendritas, algo así como el cable de red que une una neurona con otra.

Pero salvo que seas un alcohólico masivo por largos periodos de tiempo, todo ese “daño” a las dendritas, se revierte en poco tiempo.

7.- La Muralla China se puede ver desde el espacio

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No. Fuimos engañados desde siempre. La Muralla China es demasiado delgada y su color y formas asemejan el entorno demasiado bien como para ser vistas desde el espacio.

Eso lo han confirmado varios astronautas que tenían las puras ganas de verla y cacharon que era pura boca. Claro, se puede ver desde el cielo, a cierta altura, pero del espacio no.

6.- Tu usas solo el 10% de tu cerebro

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La verdad es que sí usas el 100% de tu cerebro, sólo que distintas partes tienen diferentes roles. El mito se expandió porque varias décadas atrás no tenían herramientas para analizar el funcionamiento del resto de la testa, así que supusieron que estaba en reposo.

5.- La vitamina C te protege contra los resfriados

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Ni un poco. Variados estudios científicos han mostrado que tomar vitamina C todos los días, no tiene prácticamente ningún efecto protegiendo o curando el resfrío. Salvo que seas un deportista extremo que pase por climas complejos. En ese caso, ayuda en un 50% a bajar las probabilidades de resfrío. Pero para ti, amigo digital, es sólo gastar plata.

4.- Debes usar gorro porque casi todo el calor del cuerpo se pierde por la cabeza

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Típica enseñanza de abuelita preocupada que tanta ternura nos ha entregado. Pero lamentamos decirle a la “nonita” que llevas dentro que esto no sólo no es cierto, sino que es ridículamente ilógico. El calor se pierde de forma pareja por todo el cuerpo, por centímetros de piel.

3.- Los camaleones cambian de color para camuflarse

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Lo hacen para comunicarse con otros camaleones. Por mucho que el mito exista, incluso entre científicos, hay numerosos estudios que explican cómo los colores son utilizados para comunicarse entre ellos.

2. Napoleón Bonaparte era pequeñito

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Media 1.69, estatura que hoy en día podría considerarse baja pero que en el siglo XIX estaba por encima de la media en Europa.

1. Elemental, mi querido Watson

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Sherlock Holmes, el aclamado personaje de ficción (para los que lo creían real) de Sir Arthur Conan Doyle, nunca dijo su más famosa frase en ninguno de los libros que el autor publicó. Nunca dijo “Elemental, mi querido Watson”. Lanzó muchas veces “Mi querido Watson” y en otros momentos la palabra “elemental” pero las dos juntas, nunca.

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